¡NO OLVIDAR! Es adorable y magistral, la sensación al recordar pasados resientes y extrañables, pero ¿Quién quiere regresar? No, no debemos regresar, porque lo que cuenta es aprender. No siempre está perdido aquello que no fue... ¿Que aprendimos? Simplemente a vivir el momento.
domingo, 6 de noviembre de 2011
Mambo dominguero.
¿Se acuerdan cuando salíamos a defender la noche y su aventura? ¿Cuando bajo la luna hacíamos un paraíso a un simple barrio? Aquellos días en que ardía el celeste amanecer, reflejándose en nuestras pupilas, un tono tenue que disimulaba el rojo ardor de nuestros ojos por esas arduas trasnoches. Cuando soñar era un derecho, planear futuros inciertos e impredecibles cómo el clima en esos veranos. Desenredando viejas madejas de un pasado turbulento, reciente cómo la pintura fresca, así... Forjando un presente lleno de sortilegios ocultos en polvorientos y oscuros colectivos o en simples tardes a la deriva, que parecían sacadas de una película. ¿Dónde quedaron aquellos días? Dónde la ciudad, pequeña pero bulliciosa, murmuraba a nuestras espaldas, mirándonos de reojos, junto a un resentimiento con gusto a metal. A pesar de eso, nos adueñábamos de ella y de sus misterios. Fuimos protagonistas de abismales diluvios de verano, pisando charcos que reflejaban el negro cielo que se rompía bajo nuestras cabezas. Dejando atrás aquellos momentos que desembocaban en lágrimas y pintando sonrisas con el color pastel de esos días. Los veranos pasaron, junto a ellos muchas tormentas que arrasaron con aquel dulce olor, las cosas cambiaron, pero nosotras habíamos cambiado más, al igual que aquella amistad. Tales extrañas que cruzaban miradas sobre una acera rodeada de un mar de gente, más extraños. Con sutiles recopilaciones de imágenes congeladas que nuestras retinas quemaron, y fueron cicatriz. Hasta el día de hoy, fotos amarillas y viejas melodías me erizan la piel, con una brisa de nostalgia y lluvia de tristeza. Ese temporal que me hace sentir viva, dichosa de lo vivido. ¿Recuerdan todo eso? Vimos el arco iris, lo recorrimos hasta su final y encontramos el oro, pensando que aquella fantasía dorada sería la felicidad... Y sí, nuestra historia culminó en destellos, pequeños destellos de felicidades como estrellas fugaces; incandescentes, asombrosas y rápidas. En pequeños sueños los cuales nos sujetaban nubes de algodón; suaves pero inestables. El caso es que, jamás supimos que crecer iba a doler y a corrumpir sueños y presagios, forjados bajo un azul cielo. Crecer es eso, llegar tarde, tirar los colores pasteles y ver que no siempre el arco iris está en el cielo. Eso fue crecer, vivir el momento en que respirar es toda una odisea,, sentir taquicardias adolescentes al ver ciertos rostros, vivir en guerra con uno mismo y esquivar espejismos de felicidades... Despejar el desorden de las falsas apariencias y buscar la felicidad en la sencillez de las cosas más pequeñas. Es viajar sin rumbo, sobre rutas desconocidas dejando nuestra marca, esa pequeña revolución. Porque si pasamos, y no dejamos huella ¿Para qué pasamos? Y acuérdense, hay quiénes nos engañan, cómo vendedores ambulantes desquiciados, mafiosos, embusteros y estafadores... Escondiéndonos la magia de la utopía en rostros grises y quebradizos. Eso fue crecer, esto es crecer... No olvidarse quién fuimos, y recordando que la utopía es eterna, tan eterna como la ilusión de un verano en dónde la juventud sea ley primera.
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